Epilepsia en las mascotas

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La epilepsia viene definida por la presencia de crisis convulsivas recurrentes y representa un problema neurológico común en la clínica de las mascotas. La enfermedad puede presentar variaciones entre los distintos animales incluso entre distintas crisis del mismo animal.  Una crisis tiene tres fases de distinta duración, aunque en ocasiones no se puedan distinguir clínicamente:

  • Fase prodrómica: cambios comportamentales, hipersalivación o vómitos
  • Crisis: con alteración o pérdida de consciencia, convulsiones o mioclonías, salivación, vómitos, micción y defecación.
  • Fase postictal: comportamiento atípico tras la crisis donde el animal puede mostrar ansiedad, letargia, confusión, ceguera, sordera, exceso de sed o de hambre, etc. Esta fase puede durar hasta 24-48 horas.

Existen  distintos tipos de crisis epilépticas en las mascotas:

  • Crisis generalizadas: presentan signos simétricos bilaterales que pueden ir desde grandes convulsiones, hasta crisis de ausencia con pérdida de la conciencia y mínima actividad motora.
  • Crisis focales: se dan signos asimétricos o en grupos musculares concretos, también alteraciones comportamentales (aullidos, carreras compulsivas, etc.).

La causa de esta enfermedad es muy diversa: anomalías congénitas, enfermedades inflamatorias, metabólicas, traumatismos, neoplasias, degenerativas, alteraciones cerebrovasculares, intoxicaciones, aunque la etiología más común es la epilepsia idiopática. Debido a esta variedad de causas, es muy importante evaluar al animal física y neurológicamente, y realizar una serie de pruebas diagnósticas para establecer el tratamiento. La realización de una buena anamnesis es  muy importante (edad en la primera crisis, frecuencia de las crisis, duración, asociación de la crisis al ayuno, estrés, ejercicio,  existencia de antiguos traumas).

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Las pruebas diagnósticas básicas son el hemograma, perfil bioquímico sérico, urianálisis, radiografía torácica, ecografía abdominal y electrocardiograma, pero puede llegar a necesitar análisis de líquido cefalorraquídeo, tomografía computerizada o resonancia magnética. Si tras la realización de estas pruebas no se identifica la causa, se diagnostica como epilepsia primaria o idiopática.

El tratamiento de los trastornos convulsivos supone un gran desafío para el veterinario, sobre todo cuando un perro no responde al tratamiento estándar (es decir, fenobarbital, bromuro). Estos casos representan el 25-30 % de todos los epilépticos. La mayoría de los perros no alcanzan el estado libre de convulsiones, y se considera que el tratamiento tiene éxito cuando disminuye la frecuencia y la duración de las crisis hasta un nivel aceptable. Se ha demostrado que la zonisamida es un fármaco muy eficaz y seguro en los perros, pero también existen muchos otros como el felbamato, el levetiracetam, la gabapentina, la pregabalina, el topiramato, la imepitoína, etc.

CLÍNICA VETERINARIA VESAL

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